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Córdoba 2016 - Capital Cultural Europea

 

 
Historia

Historia de Córdoba

En la época romana Corduba llegó a ser una gran ciudad, tanto urbanísticamente como culturalmente.

Estamos iniciando el esplendor de la ciudad que fue el centro cultural y capital del mundo.

Corduba bastaría nombrarse en época de los romanos a Sénea y Lucano para dejar bien marcado el nivel cultural de esta ciudad en aquellos tiempos.

En este esplendor de la ciudad llega la decadencia de los romanos y la llegada de los Visigodos.

El descubrimiento del Palladium donde está la estación de ferrocarril demuestra el nivel burocrático y desarrollo de la ciudad.

Sin embargo con la llegada de los Visigodos, la capital se pasó a Hispalis, y Córdoba perdió gran parte de su poderío, y dejó de ser la principal ciudad creadora de cultura e historia, para quedarse en planos inferiores.

Con la llegada de los árabes, Córdoba volvió a ser la capital y centro de Al-Andalus, recuperando así todo lo perdido.

La elección de Córdoba como centro neurálgico y cabeza de Al-Andalus fue determinado por su privilegiada situación geográfica.

En cuanto llegaron los musulmanes, estos se dieron cuenta de la importancia de Córdoba y su situación geográfica era magnífica para proteger el sur de los ataques de los cristianos.

El poderío de Córdoba vino con la llegada de los Omeyas. Abderramán I (756-781) tenía un gran empeño en formar un emirato independiente que emulara y fuera superior a los demas. Esto se debía porque a él le había arrebatado su dinastía, y se asentó en Córdoba para formar ese emirato.

Así la ciudad de Córdoba se convirtió en establecimiento de los temibles Omeyas, y su fasto emirato.

Después vino el gobierno de Alhaken I (796-822). Durante este mandato hubo muchas revueltas, saldándose entre 814-818 con unas ejecuciones de rebeldes, y otros exiliados y mutilados. Esto acabo con las revueltas.

Había que demostrar el esplendor de la proscrita dinastía Omeya en las fronteras, y de esa forma, en Córdoba, señalada como la capital del mundo, se construyeron todo lo necesario para que fuera una gran urbe. Cambiandose esta desde lo militar, a lo cultural, mercantil, arquitectónico y religioso. Un cambio radical, para ser la ciudad más importante del mundo, ... la capital de la dinastía Omeya.

Abderramán III (912-961, proclamó en 929 a Córdoba como califato, haciendo así que esta ciudad pasé a tener el liderazgo mundial en relevancia, y convirtiendose en una metrópoli imperial.

La Mezquita de Córdoba, emblema de la ciudad, y muestra del poder y confianza de la dinastía Omeya en el califato de esta ciudad. La idea de la Mezquita era crear en occidente otro oriente, mucho más poderoso que Bagdad y Damasco.

Abderramán II fue uno de los que más cambios y ampliaciones realizó a la Mezquita. Pero sería su nieto Abderramán III el que reanudó las ampliaciones de esta hasta convertirla en una mezquita de renombre mundial.

Todas las columnas de la mezquita son distintas, no hay ninguna igual.

La mezquita constaba de patio de abluciones, muro del fondo, el mirhab, nicho litúrgico del templo islámico, la aljama se enriqueció con un alminar, una galería en el patio para la oración de las mujeres y un adosado para las abluciones rituales.

Alhaken II (961-976) era muy refinado y dotó a la mezquita de lujos y detalles que le darían un toque de distinción. Como son los lucernarios o el nuevo mihrab. El culto de Alhaken II a la belleza y a la historia de sus antepasados es bien conocido, y él quería realzar y plasmar en la mezquita parte de ese admiramiento suyo a sus antepasados, por lo que no escatimaba en gastos ni en esfuerzo.

Con la llegada de Almanzor se empezó a notar la decadencia del imperio musulman, ya que los materiales para ampliar la mezquita ya no solían ser mármoles y materiales caros, sino mucho más simples y bastos.

Con la caída del califato Omeya, la mezquita, símbolo y emblema de la ciudad, fue recordado por todos los que tuvieron que huir.

Y todos los que se quedaron tuvieron que sufrir los saqueos y el vandalismo que hubo por estas zonas. Por lo que, lo que en otro tiempo fue riquezas y la ciudad más importante del mundo, se convirtió en una ciudad que era la sombra de lo que fue. Saqueada y dolorida, la ciudad solo le quedaba el pasado, y esa Mezquita de Córdoba, que desde el río Guadalquivir, en las noches de luna llena, se ve relucir llena de toda su magia e historia.

 

Antonio Morales Carmona