| Historia de Córdoba
En la época romana
Corduba llegó a ser una gran ciudad, tanto urbanísticamente
como culturalmente.
Estamos iniciando el esplendor
de la ciudad que fue el centro cultural y capital del mundo.
Corduba bastaría
nombrarse en época de los romanos a Sénea y Lucano
para dejar bien marcado el nivel cultural de esta ciudad en
aquellos tiempos.
En este esplendor de la
ciudad llega la decadencia de los romanos y la llegada de los
Visigodos.
El descubrimiento del Palladium
donde está la estación de ferrocarril demuestra
el nivel burocrático y desarrollo de la ciudad.
Sin embargo con la llegada
de los Visigodos, la capital se pasó a Hispalis, y Córdoba
perdió gran parte de su poderío, y dejó
de ser la principal ciudad creadora de cultura e historia, para
quedarse en planos inferiores.
Con la llegada de los árabes,
Córdoba volvió a ser la capital y centro de Al-Andalus,
recuperando así todo lo perdido.
La elección de Córdoba
como centro neurálgico y cabeza de Al-Andalus fue determinado
por su privilegiada situación geográfica.
En cuanto llegaron los
musulmanes, estos se dieron cuenta de la importancia de Córdoba
y su situación geográfica era magnífica
para proteger el sur de los ataques de los cristianos.
El poderío de Córdoba
vino con la llegada de los Omeyas. Abderramán I (756-781)
tenía un gran empeño en formar un emirato independiente
que emulara y fuera superior a los demas. Esto se debía
porque a él le había arrebatado su dinastía,
y se asentó en Córdoba para formar ese emirato.
Así la ciudad de
Córdoba se convirtió en establecimiento de los
temibles Omeyas, y su fasto emirato.
Después vino el
gobierno de Alhaken I (796-822). Durante este mandato hubo muchas
revueltas, saldándose entre 814-818 con unas ejecuciones
de rebeldes, y otros exiliados y mutilados. Esto acabo con las
revueltas.
Había que demostrar
el esplendor de la proscrita dinastía Omeya en las fronteras,
y de esa forma, en Córdoba, señalada como la capital
del mundo, se construyeron todo lo necesario para que fuera
una gran urbe. Cambiandose esta desde lo militar, a lo cultural,
mercantil, arquitectónico y religioso. Un cambio radical,
para ser la ciudad más importante del mundo, ... la capital
de la dinastía Omeya.
Abderramán III (912-961,
proclamó en 929 a Córdoba como califato, haciendo
así que esta ciudad pasé a tener el liderazgo
mundial en relevancia, y convirtiendose en una metrópoli
imperial.
La Mezquita de Córdoba,
emblema de la ciudad, y muestra del poder y confianza de la
dinastía Omeya en el califato de esta ciudad. La idea
de la Mezquita era crear en occidente otro oriente, mucho más
poderoso que Bagdad y Damasco.
Abderramán II fue
uno de los que más cambios y ampliaciones realizó
a la Mezquita. Pero sería su nieto Abderramán
III el que reanudó las ampliaciones de esta hasta convertirla
en una mezquita de renombre mundial.
Todas las columnas de la
mezquita son distintas, no hay ninguna igual.
La mezquita constaba de
patio de abluciones, muro del fondo, el mirhab, nicho litúrgico
del templo islámico, la aljama se enriqueció con
un alminar, una galería en el patio para la oración
de las mujeres y un adosado para las abluciones rituales.
Alhaken II (961-976) era
muy refinado y dotó a la mezquita de lujos y detalles
que le darían un toque de distinción. Como son
los lucernarios o el nuevo mihrab. El culto de Alhaken II a
la belleza y a la historia de sus antepasados es bien conocido,
y él quería realzar y plasmar en la mezquita parte
de ese admiramiento suyo a sus antepasados, por lo que no escatimaba
en gastos ni en esfuerzo.
Con la llegada de Almanzor
se empezó a notar la decadencia del imperio musulman,
ya que los materiales para ampliar la mezquita ya no solían
ser mármoles y materiales caros, sino mucho más
simples y bastos.
Con la caída del
califato Omeya, la mezquita, símbolo y emblema de la
ciudad, fue recordado por todos los que tuvieron que huir.
Y todos los que se quedaron
tuvieron que sufrir los saqueos y el vandalismo que hubo por
estas zonas. Por lo que, lo que en otro tiempo fue riquezas
y la ciudad más importante del mundo, se convirtió
en una ciudad que era la sombra de lo que fue. Saqueada y dolorida,
la ciudad solo le quedaba el pasado, y esa Mezquita de Córdoba,
que desde el río Guadalquivir, en las noches de luna
llena, se ve relucir llena de toda su magia e historia.
Antonio Morales Carmona
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