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Córdoba 2016 - Capital Cultural Europea

 



Torre de Iznarromán

Esta historia remonta muy al pasado, mucho más allá de los años de los califas. Pero es digna de contar, por encontrarse en Granada, y ser una parte fundamental en una visita por estas tierras.

Por el año 16 antes de cristo, en la provincia de Dux (Asia Menor), habitaba una familia formada por Caleb y Rebeca, y sus dos hijos. El primero de los hijos se llamaba Cecilio y era sordomudo de nacimiento. El más pequeño de los hijos se llamaba Tesofón y había nacido ciego.

Habiendo oido los milagros que Jesús había hecho, decidieron marchar hacia Judea para buscarle. Y una vez allí, Jesús les devolvió a Cecilio la voz, y a Tesofón la vista. Como agradecimiento los dos se consagraron a propagar las enseñanzas de Jesús. Santiago adoctrinó a los dos jóvenes, y se los trajo a España para predicar el evangelio por estas tierras.

Cecilio se consagró como una gran santidad en la ciudad de Granada, que por entonces se llamaba Ilíberis.

Como esta ciudad se hallaba bajo el dominio del imperio romano. Nerón ordenó la captura inmediata de Cecilio y sus discípulos.

Cecilio guardó todas las reliquias que consideraban los romanos como profanas. Y esperó a que los romanos lo capturaran.

Fue encerrado en la fortaleza llamada Alcazaba Cadima, en una torre infranqueable a la que se le daba el nombre de la torre de Iznorromán. Se le impuso la orden de que debía renunciar a lo que predicaba, y a sus creencias, y si no moriría. Se le hizo imposible la estancia allí, y se le aplicaron torturas, junto con sus once compañeros de cautiverio.

Al no renunciar Nerón, que estaba en su segundo año de reinado, ordenó quemar vivo a Cecilio y sus onces compañeros en un horno de cal.

En la actualidad, en el callejón de Santo Cecilio, se ven aún unas murallas poderosas y robustas con un torreón en donde está una pequeña capilla que guarda la imagen de Santo Cecilio y sus once compañeros. De aquella capilla fueron sacados para quemarlos en el Sacro Monte.

Las reliquias que escondió para que los romanos no las encontraran fueron descubiertas en el año 1595.

Antonio Morales Carmona