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Madinat
al-Zahra
La llamada ciudad más bella del mundo.
La que fue la más rica en historia, arte y joyas. Es
sin duda Madinat al-Zahra.
Nadie que se digne de venir a Córdoba
puede pasar sin visitar las ruinas de Madinat al-Zahra. Aunque
muy bonitas, poco queda ya de lo que un día fue la ciudad
más bella del mundo. Aún así esta historia
hará que se le iluminen los ojos cada vez que la visite.
Abd al-Rahman III de entre sus mujeres tenía
una favorita. Ella era cristiana, procedente de las tierras
del norte. Era muy hermosa, pero ella anhelaba a sus gentes,
y a las tierras del norte nevadas.
El califa intentaba una y otra vez hacer lo
más feliz posible a la hermosa muchacha. Pero no lo conseguía,
ni con regalos, ni con bellas palabras.
Tan enamorado, tan ensimismado estaba en ella
que decidió construirle una ciudad a las afueras de Córdoba.
Construyó una gran muralla para defender la ciudad, y
dentro de las murallas, patios y jardines, casas, una mezquita,
zonas de ocio y de arte. La ubicación de la ciudad era
a la falda de Sierra Morena, junto a Chabal al-Arus (La montaña
de la desposada).
Incluyó en la ciudad varios palacios,
cuarteles, dependecias de servicio y baños.
Para la construcción trabajaron alrededor
de quince mil personas bajo las órdenes del arquitecto
musulman Maslama ibn Abd Allad.
Se llegaron a colocar al día unos seis
mil bloques de piedra, gastando diariamente unas cuatrocientas
cargas de yeso. Utilizando para ello unas mil quinientas mulas.
Se trajeron de diversas partes mármol
y marfil de la mejor calidad, ébano, oro para engarzar
arcos, el suelo, y los palacios. Y se adorno el oro y la plata
con piedras preciosas, como diamantes, rubies, y otras.
Los patios del califa eran excepcionales, muy
cuidados y de increible belleza.
El Salón del Trono, o de los visires,
estaba construido con los mejores mármoles de tipos muy
variados, jaspes transparentes y una cúpula toda de oro
y plata de la que colgaba una perla, regalo del emperador Bizancio.
Todo el salón estaba iluminado por una alberca llena
de mercurio que reflejaba los rayos del sol.
Todo esto lo apreciaba la bella al-Zahra, pero
aún así echaba de menos los campos nevados, los
árboles blancos... Así que el califa Abd al-Rahman
III mandó que se plantarán una gran multitud de
almendros en flor por toda la ciudad. Para que con sus pétalos
de color blanco simularan los árboles cargados de nieve.
La corte efectuó su traslado a esta
ciudad en el año 945. En la ciudad se construyeron cuatrocientas
viviendas para doce mil personas que se trasladaron allí
para servir a la corte, con tiendas, dependencias y servicios.
El 9 de mayo del 1013, los bereberes ayudados
por el rey Sancho de Castilla se apoderaron la ciudad, la destruyeron
y saqueron. Después con la llegada de los cristianos
y el tiempo se hizo el resto. Convirtiendola en lo que es hoy
en día, unas ruinas que solo son la sombra de la ciudad
que fue en otros tiempos...
La ciudad más bella del mundo entero.
Construida por un amor no correspondido.
Madinat al-Zahra
Nota: En la colección Walters de jovería
en Nueva York se conservan multitud de las alhajas de esta ciudad,
como la pulsera de los tres peces de oro, el grano de aljófar
por ojo, etc.
En el museo arqueológico de Córdoba
se encuentran tambien vestigios, entre ellos el cerbatillo de
bronce que servía de surtidor en una de las múltiples
fuentes de la ciudad.
Dice el refrán: Lo que brilla con doble
intensidad, dura la mitad de tiempo.
Pero aún en ruinas, podemos ver aún
hoy un grandísimo resplandor de gloria y belleza.
Antonio Morales Carmona
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