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Córdoba 2016 - Capital Cultural Europea

 



El vado del moro

En la villa de Cabra, en un lugar del rio Cabra, se encuentra el vado del Moro.

En el año 1482, mes de abril, los moros habían derrotado al ejército cristiano en la Ajarquía, y una vez con confirmada la derrota, los moros iban robando por los pueblos y casas de los cristianos.

A las afueras de Cabra vivía un noble caballero, conocido por su valentía y sus grandes riquezas. Este caballero se llamaba don Pedro Gómez de Aguilar. El estaba en su casa cuando llegaron los moros, le avisó uno de sus criados e intentó escapar por la puerta trasera. Pero Aliatar, el sanguinario alcaide de Loja, lo atrapó.

Lo cogieron prisionero, y lo llevaron con la expedición.

Enterandose el conde de Cabra de tal suceso formó un grupo para ir a rescatarle. Cruzaron el rio sin ningún problema.

Don Pedro y Aliatar se adelantaron en la marcha, hablando uno al otro sobre las guerras y otras cosas. Y viéndose tan apartado del grupo don Pedro propinó un empujón al caballo de Aliatar, derribandolo por una pendiente. Se enfrentaron cuerpo a cuerpo, hasta que el noble caballero cristiano consiguió apoderarse de la espada y hacer guardar silencio a Aliatar.

La expedición mora intentó buscar por todas partes a Aliatar y al prisionero. Pero era de noche, y la pendiente estaba muy pronunciada y llena de matorral.

En la huida, el noble caballero encontró al conde de Cabra que iba en su encuentro.

Los moros iban tras ellos para recuperar a Aliatar. Y el conde de Cabra y el don Pedro huían hacia la ciudad de Cabra. Pero al llegar al rio de Cabra se encontraron con una subida inmensa del rio. Sin aparente forma de poderlo cruzar.

Parecía inevitable que los moros iban a capturar a toda la comitiva cristiana, y a matarles por la osadía de llevarse a Aliatar.

Pero el jefe moro, Aliatar, les dijo que él conocía un paso por el que los moros habían cruzado en muchas ocasiones que había crecida en el rio de Cabra. Por los que les llevó a una parte del río y en tres saltos el caballo de Aliatar se plantó en la otra orilla. Así lo hicieron de uno en uno todo el grupo de cristianos. Hasta que todos estuvieron en la otra orilla.

Asombrado el conde de Cabra por el comportamiento de Aliatar, y a petición de don Pedro se le dejó en libertad.

Aún hoy a ese paso se le sigue llamando el vado del Moro.

 

Antonio Morales Carmona