El
príncipe del Generalife
En Granada cuando estaba el Califato Jaén-Granada-Córdoba
vivía en Granada un rey moro que solo tenía un hijo desde pequeño
ya se veía que el niño iba a ser un genio.
El niño era muy muy inteligente y todo lo aprendía
con una facilidad pasmosa. Entonces el rey moro lo llevo a un
astrólogo para que le dijera cuál sería el brillante futuro
de su hijo. El astrólogo le dijo que su hijo correría
innumerables peligros por culpa de sus enamoramientos. Que sería
un chico muy enamoradizo y que le crearía muchos peligros y
muy graves.
Entonces el rey moro temiendo por la seguridad
de su hijo ordenó construir un increible palacio con maravillosos
y gigantes jardines al lado de la Alhambra para tenerlo siempre
cerca y encerrado dentro de ese palacio.
Le asignó un sabio como maestro este sabio
le fue enseñando al chico todas las cosas y el chico era verdaderamente
increible muy muy listo. Pero el sabio tenía orden de no explicarle
nunca nada sobre el amor al chico. No debería enterarse de lo
que era el amor y hacer no correr el riesgo.
Cuando el príncipe llegó a la edad de
21 años se comportaba de forma distinta. Miraba con dulzura
las flores las olía con delicadeza, observaba el cielo, y cerraba
los ojos para sentir el aire rozar sus mejillas.
El sabio examinando todo esto comprendía que
el príncipe "había descubierto que tenía corazón". Entonces
se lo comunicó inmediatamente al rey moro los cambios de comportamiento
en su hijo. El padre nervioso y asustado ordenó encerrar a su
hijo en la torre más alta del palacio del Generalife sin que
pudiera salir.
Allí estuvo encerrado el pobre príncipe y asomado
a la ventana todos los días le daba de comer a las palomas y
se cuenta..... como parte de la Leyenda que la indecible, innombrable
inteligencia del chico consiguió aprender y hablar el lenguaje
de los pájaros. Los oía revolotear por el cielo diciendo a todos:
amor, amor, amor, amor amor, amor. Porque eso es lo que
todos los pájaros son lo que dicen cuando pian.
El principe fue a ver al sabio y le preguntó:
- ¿Qué es el amor?
Y el sabio le dijo:
- Es aquello por lo que todas las personas
sufren. Por lo que todas las personas mueren y no son felices
El príncipe un tanto desilusionado y triste
se fué a sus aposentos. Un amanecer estando tendido en la cama
entró una paloma y se le posó sobre una mano..
- ¿Qué te pasa? .- le preguntó el príncipe.
- Estoy triste .- le contestó la paloma
- ¿Por qué?
- Porque he perdido a mi amado no lo encuentro
y estoy triste por ello no soy feliz. Sin él he perdido
las ganas de vivir. Sin su amor ya poco importa la vida....
no soy nada sin él.... sin su presencia ... sin su contacto...
sin él.... que hay?
Y el príncipe se quedó pensativo y fue enfurecido
y muy molesto con el sabio y le recriminó que lo hubiera engañado.
El filósofo y sabio no le dijo nada al rey moro porque si esté
se enterara de que el príncipe de una u otra forma había descubierto
lo que era el amor lo más probable es que lo matara, así que
guardó silencio. El chico de todas formas siguió en lo más alto
de la torre del generalife encerrado.
Un día la paloma volvió muy alegre,
porque gracias al príncipe había encontrado de
nuevo a su palomo. Estuvo hablandole al príncipe de paises,
de historias. Y una de ellas era que había visto a una bellísima
cautiva, encerrada en un jardín. Sin poder salir, encerrada
al igual que lo estaba el príncipe Ahmed.
- La ví, pensé que esa era la princesa
que te merecías. Es bella, está triste, y no sabe lo
que es el amor.
Así el príncipe oyendo aquella noticia se puso
loco de alegría. Rápidamente escribió una carta apasionada
de amor con muy bonitos versos y se la dió a la paloma que emprendió
rapidamente el vuelo al jardín donde estaba recluida
la princesa.
Esperaba día y noche el regreso de la paloma
mensajera, pero no volvía. El joven Ahmed perdía las esperanzas
hasta que una noche la paloma llegó y cayó a sus pies ensartada
por un dardo. Medio agónica había llegado y de su pico
colgada una cadena con un retrato de una bella joven que debía
ser la princesa recluida. Que así le contestaba a su bella carta.
Entonces.... viendo la bella cautiva y su amiga paloma que había
dado la vida por darle amor a él. Para que él conociera
lo que era el amor, pensó que sería algo muy importante
como para no arriesgarse a conseguirlo y se planteó el escapar
del Generalife para buscar por todo el mundo a la bella princesa.
Con su cinturon se descolgó del ajimez de
la torre. Se llevó consigo en un atillo todas sus joyas para
los gastos del viaje. Una lechuza, que era amiga suya, le guió
en la oscuridad de la noche. Andó muchos días
hasta llegar a Sevilla.
Una vez allí buscó una gran torre y
unos grandes jardines moriscos donde podría estar encerrada
la bella joven y lo vió rápidamente con majestusuidad y gran
porte se eregía la torre morisca sobresaliendo sobre todas las
demas construcciones era... la Giralda de Sevilla.
El príncipe subió por la escalera de caracol
a lo alto de la torre Allí arriba se cuenta que habia un cuervo
muy muy muy muy viejo. Y el príncipe le dijo que deseaba conocer
solo una cosa que le iba la vida en ello y era... el encontrar
a una bella princesa cautiva de la que solo tenia una imagen
y la de sus sueños. Le dijo el cuervo que él no solía sobrevolar
los jardines y los palacios. Que no sabía donde podía encontrar
a su bella princesa pero que podía dirigirse a Córdoba.
- Al lado de la gran palmera de Abderramán
puedes encontrar a un anciano viajero que ha recorrido medio
mundo, y que a lo mejor puede saber algo.
En medio del patio de los naranjos el mismísimo
Abderramán se dice que plantó con sus propias manos una grandísima
palmera, y allí el príncipe se encaminó.
Una vez a los pies de esta vió una muchedumbre
agolpada alrededor de alguien y se dijo ...
- Ahí debe estar el viejo anciano viajero contando
sus historias... y sus viajes.... y sus hazañas
Al incorporarse al grupo pudo comprobar que
en el centro no había ningún hombre sino un papagallo de esos
brillantes, de plumaje verde y amarillo, y un tanto chulo en
sus expresiones. Entonces el principe extrañado le preguntó
a un hombre:
- ¿Qué hace tante gente alrededor de
ese papagayo?
- Le dijo el hombre que era un papagayo descendiente
de aquel famoso de Persia que era conocido por muchos por su
habilidad por contar cuentos. Gracias a sus numerosos viajes.
El príncipe se adelantó a toda la muchedumbre
y empezó a exponerle el motivo de su visita. Entonces el papagallo
muy chulo y arrogante empezó a desternillarse de risa a más
no poder y le dijo:
- El amor no existe.
- ¿Qué pasa el amor no es lo más bonito
del mundo? .- preguntó el príncipe.- ¿No
es lo mejor a encontrar?, ¿ y por lo que todo el mundo
debería luchar?.
- ¡Qué va!, eso pasó ya
de moda. Pero bueno, el retrato de esa mujer tan bella es el
de la princesa de Aldegunda.
- ¿Dónde podré encontrarla?
.- se apresuró a preguntar el príncipe.
- Es la única hija del rey cristiano
de Toledo, y está oculta a todo el mundo hasta que cumpla
los diecisiete años. No podrás verla, porque su padre
la tiene bien apartada de todos los mortales, y más fácil es
encontrarla que conseguirla.
El príncipe partió hacia la ciudad de Toledo
acompañado por la lechuza y e l papagayo. Una vez allí
vió la morada de la bella princesa que buscaba. Le dijo
al papagayo que volara dentro del jardín y le dijera a la princesa
que el príncipe Ahmed peregrino del amor había llegado en su
busca.
Orgulloso, el loro, voló dentro del jardín.
Este sorprendió a la princesa llorando en silencio sin emitir
más sonido que el que hacía el viento.
- Enjuga tus lágrimas bella princesa, pues
vengo a alegrar tu corazón .- dijo el papagayo con porte.
La princesa sorprendida y al ver al papagayo
le brillaron los ojos con más fulgor que las perlas de los diamantes
de su corona.
Le contó la presencia del príncipe, y la princesa
le contó que al día siguiente se celebraría
un torneo para determinar su pretendiente.
El papagayo voló de nuevo por encima del jardín
en busca del príncipe. Le transmitió las palabras de
la bella princesa que eran...:
- Tus poemas han sido el consuelo de mi alma,
durante todo este tiempo. Tus poemas han sido lo más bello que
he tenido.
Muchos nobles se disputaban a la bella princesa
y estaba pensado organizar un torneo para ver quién era el más
valiente noble caballero que merecería el corazón de la bella
cautiva. El príncipe al enterarse se sintió apesadumbrado y
acobardado. Hundido .... pero el papagayo exclamó... ALá Akbar
(Dios Es Grande).
Con esto, le contó que en día
de lluvias intensas se refugió en una cueva donde había
escondida una gran armadura de un antiguo caballero cristiano.
Fueron por la sierra de Toledo y encontraron la armadura, una
como ninguna otra.
Maravillado el príncipe se vestió de caballero
cristiano con armadura increible, que relucía con la luz de
la luna. Allí en los montes de Toledo, en lo más oscuro de la
espesura guiado por un papagayo y por una lechuza esperaba el
amanecer, para disputarse el amor de la princesa.
A la mañana siguiente todos los pretendientes
relucían sus mejores armas. Cuando la princesa apareció,
se creó un gran revuelo. Al aparecer por su gran porte, por
su gran belleza, su mirada tierna y desvalida. Era una verdadera
princesa, una joya. Pero la princesa parecía triste.
Entonces el príncipe fue a inscribirse al torneo
y se lo denegaron diciendole que nadie sin sangre real podría
inscribirse. Declaró su linaje como el príncipe Ahmed.
Tardaron poco los caballeros cristianos en rodearlo al descubrir
que era musulman y empezaron a insultarle y a mofarse de él.....
riendose....
- El Peregrino del amor ... juas juas uas ...
el pregrino del amor juas juas juas jaja
- El principe Ahmed desafió a uno de ellos.
Cogieron distancias con los caballos y se lanzaron
uno contra el otro y se invistieron. Nada más cruzarse el caballero
cristiano cayó herido al suelo. Fue cuando se desató la furia
de los demás. El príncipe Ahmed envestía con su caballo a todos,
más ningun podía derribarle. El rey, padre de la princesa,
estaba absorto y enojado, por lo que cogió su escudo y su espada
y saltó a la liza. Ahmed lo invistió sin darse cuenta. Viendo
al rey tendido en el suelo despojado de su corona que rodaba
por el suelo y que la guardia real se lanzaba a por él.
Salió huyendo hacia las montañas hacia la gruta donde había
encontrado la armadura.
Horas más tarde envió al papagayo a
ver que sucedía en la ciudad. Le dijo que había una revuelta
inmensa y que la princesa estaba desmayada.
Al siguiente día el principe disfrazado con
traje de pobre se encaminó a Toledo y en la puerta de palacio
pidió se le condujese a presencia del rey pues tenía un remedio
para curar a la princesa.
Allí junto a los pies del rey le contó que
era de una tribu de Egipto y que sabía el método que curaba
todo maleficio y era la música. El rey desconfiaba un poco pero
como la salud de su hija estaba muy mal por lo ocurrido el día
anterior, decidió que no podía perder nada por probar fortuna.
Lo llevaron junto con la princesa escoltada por la guardia,
acompañado por el rey y por los médicos reales. Una vez
allí, el principe Ahmed disfrazado de pobre tocó la flauta,
y acompañaba recitando los versos de amor que le había mandado
hacía tiempo en una carta con una paloma.
La princesa al oirlos se le iluminaron las
mejillas, se le avivaron como dos perlas los ojos y sonrió de
oreja a oreja. Se le vió la felicidad en la cara. Todo palacio
asombrado comprobó la mejoría de la princesa. Asombrados los
médicos no daban crédito a lo que veían. Entonces el
rey le dijo que podía pedir como recompensa cualquier objeto
del castillo.
El papagayo le dijo al oido al príncipe
que en el sótano de palacio había una alfombra
mágica. El príncipe la pidió, la sacó. Era un
alfombra verde de seda y decorada con extrañas letras, pidió
a la princesa que se sentera en esta, y nada más sentarse se
cuenta que maravillosamente la alfombra se levantó del suelo
llevandose a la princesa y al príncipe volando hacia la ciudad
de Granada donde se casaron se celebraron las bodas y......
el rey Cristiano reconoció y les dió su bendición. Aún cuando
pasamos por al lado de la Alhambra de Granada nos asombramos
de la majestuosidad del Palacio del Generalife allí aprendio
un principe lo que era el amor.
Nota: Sea con o sin alfombra mágica,
el hecho es que el príncipe escapó con la princesa
cristiana y se casó con él.
Antonio Morales Carmona